'Laurita' llega a deber hasta 3 quincenas a empleados del ayuntamiento de Puerto Morelos por su deficiente administración

lunes, 17 de julio de 2017




Por Hugo Martoccia 
Columna: Mesa Chica
Título: Borgismo light al poer

Borgismo light al poder


La alcaldesa de Puerto Morelos, Laura Fernández, ha decidido gobernar con las formas y los vicios del pasado. No parece una decisión sorprendente; en ese pasado reciente están fincadas todas sus certezas políticas. El problema es que la política hoy requiere hacer algunos cambios, al menos unos breves retoques de forma y fondo, que hasta ahora se ha negado a realizar.
Su gestión al frente del Ayuntamiento empieza a dejar serias dudas. La cuestión económica se ha convertido en un problema inminente e inesperado.

Inminente, porque la información ya llegó al Gobierno estatal. Decenas de trabajadores se han quejado aquí y allá por demoras en el pago de las quincenas. Se han llegado a duplicar y hasta triplicar quincenas adeudadas. La deuda de corto plazo crece sin freno, y, a la larga, habrá problemas.
Inesperado, porque se trata de un municipio joven, sin deuda bancaria, y con la posibilidad de ingresos importantes. Todo remite, entonces, a una gestión deficiente que en algún momento le pasará factura a la alcaldesa.
Esta versión ya se ha extendido lo suficiente para llegar a donde hace falta. Hasta hoy, sin embargo, el gobernador Carlos Joaquín no ha dado señal de que el tema le preocupe especialmente. Los dolores de cabeza que le genera el alcalde de Cancún, Remberto Estrada, quizá sean más que suficiente en su lucha contra su oposición política.

LOS VERDES LAURA Y REMBERTO, IGUALES PERO DIFERENTES


La diferencia entre Laura Fernández y Remberto Estrada, es que este último interfiere directamente en asuntos que golpean al propio gobernador. La seguridad pública, por ejemplo, nunca será un problema sólo municipal. El alcalde de Cancún continúa sin dejarse ayudar, y eso repercute en el Gobierno estatal. Los muertos de Cancún se anotan en rojo en el balance de gestión de uno y de otro.
Laura Fernández no se mete en esos embrollos. Su gestión y la de Carlos Joaquín no tienen porqué chocar antes del proceso electoral.
En ese punto la diferencia es igualmente importante. Remberto Estrada es, también, un problema electoral para el Gobierno estatal, y Laura Fernández difícilmente pueda tener el control electoral de su municipio si las cosas siguen como hasta ahora.
La pasada elección de junio de 2016 la ganó por 500 votos. Esos 500 votos fueron el peso de una estructura estatal que ya no la apoyará. Un funcionario de Gobierno cierra la consulta con una frase que engloba todo ese análisis: “ No hay de qué preocuparse en Puerto Morelos”.

LA CONFUSIÓN DEL VERDE Y DEL GOBIERNO

Las principales críticas a Laura Fernández dicen que su administración tiene como único objetivo la elección de 2018. De allí surgiría, según esa versión, el gasto desmedido que ha puesto en jaque las finanzas públicas, y la misma orientación de la administración, que busca votos en vez de soluciones para los ciudadanos.
Las propias acciones de la alcaldesa dicen que eso es verdad. Semanas atrás, parte importante de su estructura de gobierno se hizo cargo de la dirigencia del Partido Verde en el municipio.
Es difícil esconder segundas intenciones cuando el propio Tesorero municipal, Manuel González, es a su vez presidente del partido, y cuando la directora de Desarrollo Económico, Adriana Nava, queda como Secretaria de organización. La lista sigue, y solo confirma ese despropósito. La frontera entre dinero público y partidario se ha borrado totalmente.
Laura Fernández no cuidó las formas, y bordea la ilegalidad. Es allí donde su gestión se parece mucho al borgismo. Hay un marcado desprecio por la forma y el fondo de todo lo que signifique rendición de cuentas y trasparencia.
Días atrás la Asociación Civil Somos Tus Ojos publicó que ni la alcaldesa ni ninguno de sus funcionarios ha presentado su 3 de 3. La misma página de transparencia del municipio tiene muchos déficit; se muestra demasiado poca información, mucha menos de lo que la ley ordena.
En ese aspecto, la gestión de Laura Fernández está enclavada en el pasado. Es capaz, incluso, de usar todo el peso de su poder para atacar a la prensa que no se rinde a sus pies. En ese punto, su borgismo light desaparece y se convierte en borgismo a secas.
No habría de qué sorprenderse, la alcaldesa muestra todos los vicios de su origen político. Se sentía cómoda y protegida durante el borgismo, y quizá confía en que esos métodos allanarán su camino hacia la reelección o el Senado.
Hasta ahora, en el Gobierno estatal miran toda esta situación a la distancia, sin entrometerse demasiado. Y esa postura es entendible.
La alcaldesa deberá solucionar sus problemas o enfrentar sus consecuencias, dicen. El Gobernador puede ser, por un tiempo más, un espectador de lujo de esa probable debacle. (La Opinión de Q. Roo)

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